Una noche y mil más

 

Las mañanas en la sede de Lex Ludi suelen ser tranquilas (4 o 5 personas de 10:00 a 14:00), por lo que solemos aprovechar para salirnos de los eurogames más típicos y sacar a la mesa juegos más largos y temáticos, que requieren cierta preparación o que, simplemente, no le gustan a todo el mundo. Así es como la semana pasada nos encontrábamos sólos Alfredo, Eloy y yo. Tres jugadores y un libro de cuentos...

 

 

Si os interesa, Eloy hizo en su día una estupenda reseña pero, en resumidas cuentas, podemos decir que Tales of the Arabian Nights es un juego diferente. Al empezar la partida, nos olvidamos de mover cubitos y ganar puntos de vitoria para, en su lugar, afrontar nuestro destino, vivir aventuras y contar historias. Con nuestra hatillo al hombre y el enorme libro bajo el brazo, salimos de Bagdad dispuestos a volver convertidos en ricos comerciantes, visires de una tierra remota, asesinos de alguna oscura bestia, o piadosos peregrinos que han encontrado el verdadero camino de Alá.

 

 

Así, Sherezade atravesó el mundo de punta a punta, desde la India hasta la lejana Irlanda, y en un país de costumbres extrañas encontró el verdadero amor; un amor que a la muerte de su esposo (siguiendo la tradición de aquel lejano lugar) la llevó a la tumba con él. Únicamente con astucia y el vil asesinato de varios inocentes consiguió abandonar la fosa en la que debía morir, aunque tan sólo para iniciar un peregrinaje que le permitiese expiar su culpa y su vergüenza. Y aún en el camino de vuelta a casa, el que todo lo puede quiso que su destino se cruzase con un Dendan, una extraordinaria criatura marina a la que vió luchar y morir valientemente.

 

 

Zumurrud sin embargo, en busca de un inimaginable tesoro oculto en el desierto, vió su alma desquiciada por la pena al cruzarse con una asombrosa criatura a la que fue incapaz de ayudar. A la pena le siguió una salud enfermiza, una mente envidiosa y un matrimonio sin amor; ni siquiera el nacimiento de un hijo bendecido por el siempre misericordioso Alá sería capaz de aliviar su triste y dolorosa existencia.

 

 

Y mientras tanto, Sinbad afrontaba los peligros de nuestro mundo por el amor más profundo a la hija del Sultán. Recorrió Asia y Europa en busca del más maravilloso tesoro, como prueba de sus sentimientos. Tal fue su empeño y dedicación, que ni siquiera la horrible bestia simiesca en la que acabó convertido impidió al Sultán apreciar su valía y entregarle la mano de su hija.

 

 

Y al igual que esta última historia, en nuestras mil y una noches la belleza está en el interior. Pocas veces una mecánica tan simple, tan azarosa, es capaz de absorverte y hacer que te olvides del juego para centrarte en la historia. Una carta aquí, un dado allá... y todo un mundo repleto de misterios y aventuras por descubrir.

 

Al final, Sinbad se alzó como ganador de nuestro cuento... ¿Alfredo, Eloy o tú?, os estaréis preguntando. En realidad, ese es el detalle más irrelevante. Lo importante al final son las historias que dejamos bajo nuestros pies y que, si Alá así lo quiere, pervivirán en el tiempo cuando nosotros ya no estemos.